SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO: LOS CAMBIOS EN EL MUNDO DEL TRABAJO Y LAS NUEVAS COPETENCIAS DELOS TRABAJADORES
Guadalupe Rodríguez López
Recursos Humanos II
Reporte de Lectura 1
Administración 4° A
¿Existe una sociedad del conocimiento?
la creciente incorporación de la producción empresaria a la dinámica global de intercambios económicos y tecnológicos introdujo nuevas trasformaciones co9ntinentales, nacionales y locales, en los campos que se mencionan enseguida:
Tecnológico, institucional, organizacional, individual y social.
También en este campo es importante el papel de las organizaciones de trabajadores que al mismo tiempo son parte de una dinámica internacional, nacional y local. Dichos cambios se relacionan con la noción de la “innovación” y de la “crisis”, según sean los marcos y niveles analíticos que se apliquen. Estos cambios, están relacionados con las posiciones institucionales de los actores de estos cambios y con las disciplinas científicas que les son más a fines.
Se trata de la globalización creciente de intercambios económicos y culturales; de la transformación del trabajo, de lo que significa y su estatus; de la transformación de la seguridad social; del surgimiento del individuo “reflexivo” que se da cuenta de su destino; de las nuevas filosofías de administración que celebran la flexibilidad, la movilidad o el justo a tiempo (just in time); del dominio de la ideología neoliberal sobre los sistemas económicos, políticos, y culturales, sólo por mencionar algunos de estos cambios.
Los analistas identifican el “neoliberalismo” como el origen de los cambios de una forma negativa, económicos y sociales; o hasta la “tecnología” como la fuerza impersonal que da origen a la evolución de las sociedades; o la ”economía” como la primera referencia de las transformaciones, como si fuera la economía la creadora de las sociedades.
Estas interpretaciones parecen estar limitadas en el sentido de que se llevan a cabo desde una perspectiva unidisciplinaria o por medio de una visión principalmente ideológica a favor de los cambios o como resistencia a ellos; de hecho, impiden una comprensión más detallada y cercana a la realidad que siempre se presenta como construida, en un contexto institucional dado, por actores sociales inscritos en relaciones que también la transforman y en algunas ocasiones se encuentran en posición hasta modificarla a su conveniencia.
Como lo dijo François Dubet (1998): “Es inútil oponer el liberalismo ‘salvaje’ al Estado-Providencia ‘universal’, pues el liberalismo no es salvaje para todos, y el Estado-providencia está lejos de ser universal”.
REFLEXIONES DE LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO EN EL TRABAJO.
Creo que conforme pasan los años, también tiene que ir innovándose la forma en cómo se adquieren los conocimientos, cosa que ha evolucionado, para unos, de forma favorable, pero para otros aún no pueden comprender este término. Al leer este artículo que me pareció muy interesante, es importante mencionar que en la sociedad del conocimiento las personas en años anteriores no pensaron que con las nuevas tecnologías han ayudado a que las personas tengan más cosas en cuanto a información, comunicaciones, etc. La transformación de la sociedad del conocimiento, ayuda a que las personas al solicitar un trabajo estés más preparadas, al igual que las que los tienen, sean más capaces de desempeñar ciertas tareas.
En lo personal, la sociedad del conocimiento, ha creado muchas oportunidades para todos, y en todas las organizaciones; pero también en el articulo mencionaba acerca de la clasificación de la gente, e cual estén lo cierto ya que siempre hay personas que tienen un empleo temporal, y un salario poco, y en cuanto a las mujeres, creo que con el paso del tiempo, ha sido muy importante en cuanto a su desempeño, ya que aunque sean amas de casa, lo cual es el trabajo más difícil, realizan muchas cosas. Y no solo las mujeres sino todas las personas que actualmente viven la sociedad del conocimiento estás involucradas.
Entonces, ¿de qué se trata la sociedad del conocimiento?
El principal objetivo de este artículo es esclarecer y comprender el alcance explicativo de tal noción, que me parece surgió en el campo científico y político hace veinte años y comenzó a difundirse a través de los medios de comunicación, y por ende a tener acceso al debate público hace menos de diez años. No es posible explicar claramente lo que significa, y en consecuencia, presentar una definición amplia que esté aceptada; pero sí me parece posible señalar más o menos lo que trata de expresar. En todas partes se producen en nuestras sociedades inmensos cambios de todo tipo, y estos afectan nuestras capacidades de conocer y descubrir las nuevas realidades:
1. Una conciencia de la interdependencia profunda de tales descubrimientos
2. Al mismo tiempo, una conciencia del “nuevo” gran poder del hombre para encarar a la naturaleza y de su capacidad de descubrir más que destruir.
3. Una conciencia de la necesidad de redefinir las reglas colectivas del “vivir juntos” tanto local como globalmente.
La ecología, la ética y la gobernabilidad constituyen el trasfondo de la reflexión acerca de la sociedad del conocimiento. Esto se debe a que cualquiera que sea la perspectiva disciplinaria de análisis de la sociedad del conocimiento, todas buscan expresar, a partir de sus teorías de análisis y de su propio lenguaje, el hecho universalmente reconocido que sugiere que los cambios fundamentales en todas las áreas de la actividad humana y de los componentes humanos se produjeron durante el últimos cuarto de siglo de modo mucho más universal, concentrado y rápido que en las décadas precedentes. Tales cambios se encuentran actualmente en proceso y nos llevan a considerar que el “cambio” es en sí un valor constitutivo de los modos de vida individuales y colectivos.
La noción de la sociedad del conocimiento, parece una manera entre otros de formular una hipótesis coherente para explicar fenómenos casi innombrables que son esos cambios fundamentales. E s una manera de reencontrar la punta del hilo de una madeja de estambre, no será más que una hipótesis, seguramente muy fecunda. Cabe mencionar que no se debe tratar de atribuir una existencia material reconocible y específica a esa sociedad, como solemos hacer al asociar la sociedad industrial con las empresas “fordistas”. Podemos tratar de señalar, de identificar, con nuestras herramientas disciplinarias, los factores sintosomáticos. De hecho, creo que habría grandes riesgos, a partir de tales indicios, para elaborar un “gran fresco” de esta sociedad del conocimiento. Caeríamos inmediatamente en el elogio, o por el contrario en la denuncia ideológica de una realidad muy “imaginaria”. Esto imaginario no corresponde a ninguna realidad concreta, ni tangible, pero puede dar cuerpo y consistencia a un conjunto de indicios que se enriquezcan mutuamente y permitan entrever una “forma”, en función de la cual, los elementos que hasta ese momento están dispersos y fragmentados tomen sentido los unos debido a la presencia de los otros.
Los cambios en el mundo del trabajo
De la sociedad “asalariada” a…
La sección que continúa hace referencia a las sociedades industrializadas, puesto que en ellas el modelo de sociedad asalariada se ha desarrollado por completo. No se trata de atribuir a estas sociedades un valor formativo, si no de construir a través de esta referencia clásica un ideal-tipo en el sentido weberiano del término. Por sociedades “asalariadas” se entiende a las sociedades industrializadas que conocieron, en la posteridad de la segunda guerra mundial, un modo dominante y particular de empleo que prevaleció hasta el fin de los años sesenta en los países europeos: un empleo asalariado sobre una base regular, de tiempo completo, enmarcado por un contrato laboral, inscrito en sí mismo en un marco legislativo y reglamentario; un empleo con duración indeterminada, con frecuencia para toda la vida; en empleo vinculado a un puesto de trabajo en un lugar organizado. Un empleo que ofrece también las posibilidades de carrera, ya sea debido a la antigüedad o por la adquisición de calificaciones, lo que permite al empleado tener movilidad ascendente, y por consiguiente, mejorar su suerte. Un empleo que otorga igualmente acceso a los derechos colectivos y a las medidas de protección social, tanto empresarial como en los principales regímenes públicos de protección social, como son los regímenes de salud o de retiro. Es la época del empleo asalariado, un periodo (1945-1975) al que hemos denominado la “treintena gloriosa”.
Este empleo estuvo ocupado masivamente por los hombres, razón por la que el salario se consideraba para que viviera toda su familia. Dio pie a un modelo de relaciones entre sexos y las familias, lo que consagró los papeles del padre abastecedor y de la madre ama de casa. En muchos casos, la madre se empleaba con jornada de medio tiempo o tiempo completo, esta doble tarea no cuestionaba la distribución tradicional de papeles. El trabajo “completo” de la sociedad asalariada es entonces, esencialmente, el trabajo pleno de los jefes masculinos de la economía familiar, mientras que el salario femenino se considera u salario adicional. Es hasta al inicio de los años sesenta cuando las mujeres comenzarán a invadir masivamente el mercado laboral; se enrolaron sobre todo los empleos caracterizados por su estado precario y por seguir una trayectoria laboral más discontinua que la de los hombres.
El trabajo es el pivote, el organizador del tiempo social, de la “vida activa” o del retiro; incluso de los tiempos sociales del año: los días laborables, los feriados, horarios de trabajo, vacaciones, etc. El trabajo es el factor principal de construcción de las identidades individuales y colectivas. Más que un ingreso, el trabajo proporciona una protección contra los riesgos de la vida, un medio de pertenencia, de estatus social. No existe progreso posible de la sociedad asalariada sin el “pleno empleo”, pero tampoco sin el desarrollo de un estado “providencia” que ponga en su lugar la seguridad social para mitigar, dado caso, una ruptura provisional del empleo asalariado: accidente, enfermedad, muerte accidental, desempleo de corta duración, maternidad, invalidez, jubilación. Estar asalariado da acceso a la indemnización en caso de jubilación provisional o definitiva del empleo, y en corolario, es sobre la base del asalariado que se financiaron la mayor parte de los sistemas de seguridad. Cabe mencionar que la sociedad asalariada guarda relación con la mayor parte de los estudios de orientación sociológica que van a definir a la sociedad del conocimiento.
…la sociedad del empleo atípico y del trabajador “reflexivo”.
Esta condición asalariada hegemónica empieza a desmoronarse en forma continua a partir de los años sesenta, el empleo asalariado típico, permanente y de tiempo completo, da lugar progresivamente a los nuevos empleos, a las formas “atípicas” del empleo: un empleo de medio tiempo, temporal, por estación o contractual, independiente o un conjunto de una o más de estas formas. Los trastornos no se limitan a las fronteras laborales: llegan incluso a las realidades familiares, a la eficacia de los regímenes de seguridad social, a como a la representación de las edades de la vida. De esta manera, en cuanto a las relaciones entre los sexos, los modelos familiares se transforman: las mujeres invaden el mercado laboral, y lo más importante: permanecen en él incluso cuando tienen hijos.
El modelo temario de las edades, en el cual la juventud es igual a formación; edad madura a empleo regular, y la vejez a jubilación inactiva, no existe más. Ya no se estudia sólo en la juventud: estamos llamados a seguir formándonos “a lo lago de la vida” (Gauron, 2002). La edad madura es cada vez menos la del empleo regular de tiempo completo y cada vez más la de la combinación de muchas formas de trabajo, a través de las cuales cada uno trata de encontrar un ingreso, un mínimo de protección y de ocupación que tenga sentido. La edad de jubilación no es más la de la inactividad (Lesemann, 2004).
Surge un trabajador “nuevo”: el de la sociedad “reflexiva. Este trabajador se reencuentra en el centro del análisis, puesto que es el productor del sentido de su trabajo, de sus estrategias de acción, dentro de un ambiente institucional y organizacional que evidentemente estructura su campo de posibilidades pero también le permite expandir sus iniciativas y su libertad.
Un nuevo papel para el Estado.
Se ha señalado que la sociedad asalariada comenzó a deshacerse durante los años setenta. Por lo tanto, no es por azar que desde el inicio de los años ochenta, en gran número de sociedades industrializadas, el papel del estado comenzase a transformarse progresivamente. Por lo tanto, vimos surgir un Estado al que he llamado Estado “socio”. En lo sucesivo será un estado inscrito activamente en el proceso de la globalización económica, política y cultural, llamada a desempeñar un nuevo papel en el proceso de la gobernabilidad sobre una base territorial.
En este marco, el Estado nacional se encuentra ampliamente “encasillado” por las instancias supranacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, agencias de cotización en el plano de sus finanzas; pero también por la OCDE, la OIT, en lo relativo a sus orientaciones preventivas, demográficas, en lo que se refiere a relaciones comerciales.
Este Estado, para mantener la competitividad de la sociedad que lo instauró, va a implicarse en la creación de las sinergias nacionales o regionales entre quienes ostentan los capitales; gobiernos locales o regionales; representantes del mundo laboral organizado, de la sociedad civil y de los productores de conocimientos. En esta perspectiva, se debe comprender, por ejemplo, la voluntad de orientar lo más que se pueda las diferentes medidas de seguridad social hacia una inserción o reinserción al empleo gracias a los dispositivos públicos de calificación de la mano de obra. En lo relativo a l reorientación de su papel, el sostenimiento de la producción de conocimiento de la producción de conocimientos se vuelve esencial para el desempeños de este Estado socio.
El empleo en una encrucijada: ¿Hacia la precariedad, la economía social o la sociedad del conocimiento?
El surgimiento de tal sociedad de la precariedad no representa más que una cara de las consecuencias de la decadencia de loa industria; otras consecuencias son el incremento de los servicios y el cambio de la estructura de las ocupaciones. De hecho, se observa el relativo incremento de los trabajadores calificados, técnicos e ingenieros, y cuellos blancos, al mismo tiempo que el incremento de los empleos precarios. En el norte se aplica un conjunto de intervenciones públicas debido a la competencia mundial que ocasiona el cierre de sectores completos de actividad. Por una parte, estas intervenciones pretenden incrementar la calificación de mano de obra joven con miras a entrar, lo antes posible, en un mercado laboral caracterizado por una economía del conocimiento. La finalidad es incorporarla, con la estrecha colaboración de la sociedad civil, a un “tercer sector” situado fuera del estado y del mercado y que deberá otorgar a sus integrantes un ingreso suficiente para subsistir en compensación a trabajos realizados en empleos atípicos orientados hacia los servicios de proximidad.
En los países del sur, las iniciativas de formación y de inserción al empleo de las políticas públicas son mucho más escasas. El desmoronamiento de las actividades rurales liberó una porción creciente de trabajadores que consiguen insertarse en las actividades que “normalmente” ofrecen un contrato y un salario. Entre 1950 y 1990 en toda América Latina el llamado sector informal creció a un ritmo de más del doble, que el llamado sector formal. Esta tendencia marcó también la década de los noventa. Pries (2002) critica esta noción de sector informal; según é, implica un conjunto de actividades económicas absolutamente diferentes, que sólo como posición a la economía formal, pueden reagruparse y obtener cierta cohesión.
Según la lógica de esta noción, esta jerarquía subjetiva: si las condiciones del empleo en el sector formal en todos los aspectos son mejores, lógicamente los trabajadores buscarán la manera de entrar al sector formal; quienes esperan poder entrar en el sector formal representan el famoso y tradicional “ejército de reserva”.
La sociedad del conocimiento y la referencia obligada a la sociedad industrializada.
Hace más de treinta años que los sociólogos comenzaron a tratar de identifica, delimitar y nombrar las transformaciones que tenían lugar en la sociedad industrial. El análisis sociológico de estas transformaciones ha evolucionado mucho a lo largo de treinta años; sin embargo, es sintomático que los principales autores contemporáneos de la sociedad del conocimiento desarrollan generalmente sus argumentos en referencia explícita, y por lo tanto diferencia incluso de ruptura estructural con la sociedad industrial, que si no ha desaparecido, no constituye tan empírica como teóricamente más que la referencia dominante para comprensión del mundo en el cual vivimos hoy en día.
Entonces, ¿cómo describir, caracterizar y definir a esta sociedad del conocimiento? Ciertamente Touraine (1992:283-4) introdujo la noción de “sociedad programada” para caracterizar a la “nueva” sociedad que estaba surgiendo:
Llamo sociedad programada (la sociedad) ahí donde la producción y la difusión masiva de los bienes culturales que ocupan el lugar principal que había correspondido a los bienes materiales en la sociedad industrial.
Para Castells (1998:53-54, 93): la tecnología de la información es para esta evolución lo que las nuevas fuentes de energía fueron para las revoluciones industriales sucesivas, de la máquina de vapor a la electricidad más tarde los carburantes fósiles e incluso la energía nuclear. Es global debido a que las actividades clave de la producción, consumo y de la distribución, son organizadas en una escala planetaria.
Stehr (2002: 236) explica: la economía de la sociedad industrial, por lo tanto los cimientos materiales de la sociedad moderna, conoce una transformación fundamental. Las fuentes de su riqueza o de plusvalía se agotaron y una nueva fuerza de producción está tratando de ocupar el lugar del trabajo y de la propiedad que hasta hace poco había dominado la sociedad industrial y su sistema de relaciones sociales.
Para Betcherman et al. (1998: 2): los elementos activos inmateriales son la clave de la nueva economía. Los bosques, las minas y el capital “físico” continúan generando ingresos y ciertos empleos, sin embargo, no constituyen más las fuentes principales de crecimiento. La producción de conocimiento, la innovación y las posibilidades de formar redes, la aptitud para concebir nuevos productos, la investigación y el desarrollo, son los elementos que condicionan cada vez más el éxito económico.
Las transformaciones globales e interdependientes: hacia una nueva diferenciación social.
La insistencia acerca de la diversidad de estas transformaciones, y sobre todo acerca de su profunda interdependencia, hace más compleja una representación con frecuencia dominante de la sociedad del conocimiento y que ha estado marcada por la influencia de los trabajos de la economía clásica, los cuales acreditan oposiciones binarias como la oferta y la demanda; los movimientos de empuje y jale, la posición criticada en líneas anteriores entre un mercado laboral formal y un mercado informal, o incluso las representaciones de un individuo racional, que domina sus opciones, orientad por un cálculo de utilidad inequívoca.
Uno de los paradigmas del análisis sociológico es el de la diferenciación social. Reich (1993) propone una tipología de los empleos de la economía del conocimiento que distingue fundamentalmente los empleos inscritos en una competencia mundial y los empleos que están protegidos:
1. El grupo de los competitivos inscritos en los sectores hacia la exportación, las tecnologías de punta con fuerte valor agregado del trabajo y del conocimiento obtenido.
2. El grupo de los precarios, el cual depende de los sectores competitivos y al que se reservan los trabajos menos calificados, expuestos a la competencia de los países pobres.
3. El grupo de los protegidos cuyo nivel de ingresos y condiciones laborales no los fija el mercado, sino su capacidad de influencia política sobre los partidos y sobre el Estado: es el mundo de los funcionarios y de cientos de profesionistas liberales, sobre todo en el sector de la salud.
4. El grupo de los excluidos o de las personas en proceso o en riesgo de exclusión.
Esta tipología nos muestra que las nuevas formas de relaciones sociales son todas tributarias de las convulsiones sociales, económicas y culturales. Por otro lado, esta tipología es igualmente clara en cuanto a que insiste en la distinción fundamental de la sociedad del conocimiento: ente los grupos o los sectores expuestos a la competencia del mercado y los sectores “protegidos” contra la competencia mundial.
Hacia la sociedad del conocimiento: el conocimiento como poder de acción.
El saber es el conocimiento verificado, consagrado, certificado “consolidado”, legitimado mediante los mecanismos institucionales. El conocimiento es un poder de acción. La definición del conocimiento como poder de acción resalta netamente que la realización material y la aplicación del conocimiento son tributarias de condiciones sociales, económicas e intelectuales precisas; además, el conocimiento es una fuerza “inmediatamente productiva” ya que produce cada vez más un conocimiento de acción, es decir, datos y programas.
El conocimiento siempre exige ciertas capacidades de interpretación y de dominio de las circunstancias de la situación. El conocimiento no se monopoliza fácilmente; es contingente, cambiante, múltiple y se puede contestar.